Matané
Tu escandalosa risa llenando el piso 2. Cada vez que te levantabas a servirte agua o te preparabas un té, de esos que tanto te gustan. Los accidentales y los no tan accidentales encuentros en pasillos y escaleras. Las clases de inglés. Salir por quesadillas. Las escapadas al café de Illy. Subir al cajero a “sacar dinero”. Comer juntos en Sodexo. Las veces que nos visitábamos en nuestros lugares, y terminábamos sonriendo como idiotas. Las miradas y gestos cómplices que solo tú y yo entendíamos. El saber que podíamos contarnos nuestros problemas casi inmediatamente. Subir o bajar en el elevador. Llegar juntos en la mañana. Irnos juntos por la noche.
Sí, voy a extrañar todo eso y, aunque duró poco, qué bueno que sucedió. Así que gracias y Matané.

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